• Lucio Gutierrez

Qué Pasa LA TERCERA: ¿Por qué atraen las teorías conspirativas?

Artículo de la periodista PAULINA SEPÚLVEDA


Disponible en: https://www.latercera.com/que-pasa/noticia/foto-de-siglo-xix-alimenta-teoria-de-que-greta-viajo-en-el-tiempo/910099/



Una fotografía tomada por Eric Hegg en 1898 y que se guardaba en los archivos digitales de las Bibliotecas de la Universidad de Washington, era hasta hace poco, uno más de los registros históricos que ahí se conservan. En la imagen se aprecian tres niños mirando a la cámara. Tres niños que descansan de sus faenas de búsqueda de oro en el territorio canadiense del Yukón.

Sin embargo, la foto guardada bajo el nombre de “Jóvenes operando minas de oro en Dominion. Klondyke, Y.T.”, advirtieron los encargados, tenía una particularidad. En ella se ve a la niña más cercana al lente de la cámara, con un peinado de trenzas y un gran parecido facial con una niña actual: Greta Thunberg.



IMAGEN PERTENECE AL LOS ARCHIVOS HISTÓRICOS DE LA UNIVERSIDAD DE WASHINGTON Y EN ELLA APARECEN TRES NIÑOS QUE TRABAJAN EN UNA MINA DE ORO EN CANADÁ. CRÉDITO: UNIVERSITY OF WASHINGTON LIBRARIES, SPECIAL COLLECTIONS.

Mientras Thunberg sigue recorriendo el Atlántico para llegar a España a la Cumbre del Climática, el 2 y el 13 de diciembre en Madrid, su semejanza con la fotografía de hace 120 años, ha generado diversas teorías.


¿Greta Thunberg viaja en el tiempo? Fue una de las preguntas que se apreciaron en los comentarios recurrentes en redes sociales al darse a conocer la imagen.


Psicología de la conspiración


Todo el revuelo por la fotografía recuerda además una temática que en redes sociales encuentra mucho eco: la teorías de la conspiración. Se trata de aquellas, que a diferencia de teorías científicas, tienen un carácter principalmente especulativo.


Plantean además, acciones ocultas al público, como indicar que Thunberg es una “viajera del tiempo”, y postulan la coordinación de múltiples actores detrás de esos hechos,

En esa misma línea, en Estados Unidos estudios señalan, que más de un tercio de las personas creen que el calentamiento global es un engaño y más de la mitad cree que Lee Harvey Oswald no actuó solo en el asesinato de John F. Kennedy. Ambos ejemplos de teorías de conspiración, explicaciones a eventos importantes que involucran complots secretos de grupos poderosos y malévolos.


¿Qué factores psicológicos impulsan la popularidad de las teorías de conspiración? Estudios hablan de que puede existir atracción por ellas, cuando en comparación con explicaciones no conspirativas, prometen satisfacer motivos psicológicos sociales importantes, como por ejemplo, el deseo de comprensión, precisión y certeza subjetiva. También se indican motivos existenciales, como el deseo de control y seguridad.


También hay estudios que sugieren que las teorías de conspiración valorizan el yo, al permitir que se culpe a otros de los resultados negativos. “Por lo tanto, pueden ayudar a mantener el imagen de uno mismo y del grupo como competente y moral, pero saboteado por otros poderosos y sin escrúpulos. Si este es el caso, podemos esperar que las teorías de conspiración sean particularmente atractivas para las personas que encuentran imagen positiva de sí mismo o del grupo amenazada”, plantea un estudio de 2017 de la Escuela de Psicología de la Universidad de Kent.


Lucio Gutiérrez , psicoanalista y doctor en psicoterapia de la Universidad Católica, señala que las teorías popularmente llamadas “conspiranoicas” (palabra que condensa conspiración y paranoia) son el resultado de formas primitivas de organización mental ante la incertidumbre del mundo. “Estas teorías le imponen al pensamiento racional variados grados de pensamiento mágico omnipotente, negando aspectos centrales de la realidad. Estas formas de pensamiento también se observan en algunas facetas del desarrollo mental en los niños pequeños y de modo más evidente en cuadros psicopatológicos graves como las paranoias”, explica.


Las teorías conspirativas son expresiones comunicativas colectivas, indica Rodrigo Mardones académico de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales. “Por lo tanto cumplen con funciones informativas, explicativas, expresivas y emocionales, y hasta (contra)políticas y culturales”.


Además, dice Mardones, también son parte del reforzamiento identitario, por ejemplo,

de resistencias sociales que se movilizan (por ejemplo, la figura de Felipe Camiroaga en las actuales movilizaciones). “Son formas de explicarnos la realidad, de manera simbólica y discursiva, desde la desconfianza e incredulidad en la información gubernamental y en la credulidad de rumores como información anónima y de (re)creación colectiva”, sostiene.


Retornar a esas formas de pensamiento consipirativo-paranoídeo, en cierta medida, agrega Gutiérrez, resulta un modo efectivo de lidiar con la incertidumbre del mundo. “Son un alivio ante la experiencia de estar arrojados al mundo sin control o dominio. En lugar de sostener nuestra angustia neurótica ante el desconocimiento de la realidad, en lugar de enfrentar el dolor de reconocer nuestra limitada capacidad para entender y para construir verdades científicas (que son siempre parciales y sujetas a refutación en el futuro), el pensamiento conspirativo ‘cierra’ las incógnitas, provee de una explicación absoluta, concluyente, apodíctica, no sujeta a dudas o refutaciones”, detalla.


Estas teorías tienen como característica que nacen desde el espacio no formal, y que brotan y se propaga a través de medios no oficiales, explica el académico UDP: “Es la voz de lo que en ocasiones quisiera la sociedad que sucediera, el deseo oculto de los gobiernos y gobernados, reclamar y exaltar la crisis de credibilidad de las instituciones”.


Su circulación se condice, agrega Mardones, con nuestras posturas éticas y políticas, cargadas de sentido social, que simbólicamente expresan nuestros imaginarios sociales. “Desde la necesidad de salvación del mundo por fuerzas o agentes que pueden romper con el tiempo y espacio, hasta la configuración de enemigos con capacidades extrahumanas, cumplen funciones cognitivas y emocionales en coyunturas de crisis, o especialmente problemáticas, dando sentido, descargando tensión, creando pertenencia, ofreciendo contención, proyectando estados de ánimo, introyectando creencias; en fin, comunicando, pensando, sintiendo y expresando una realidad que muchas veces nos supera”, indica.


Pensar entonces en esa “Greta del futuro”, dice Gutiérrez, plantea el cuestionamiento de si de aceptar que una joven de 16 años tenga una postura clara y la haga notar con respecto al cambio climático. “¿Que una joven de 16 años tenga más lucidez sobre cuestiones centrales a la sobrevivencia del planeta que muchos políticos y representantes? ¿Somos capaces de aceptar lo que Greta denuncia sobre nuestra torpeza, idiotez, ceguera y destructividad medioambiental? Es una gran herida al narcisismo generacional la que trae consigo Greta. Allí, un retorno al pensamiento conspiracional está a la orden del día: para algunas personas puede ser menos doloroso creer que es de otro tiempo, una superhumana o una elegida, que reconocer que nosotros no hemos estado a la altura de nuestro compromiso con la humanidad”, sostiene.

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