• Lucio Gutierrez

Ansiedad ante la hiperconectividad: dificultades actuales

Actualizado: 9 de ago de 2019

Sufrir por ansiedad parece ser un motivo que marca la tendencia contemporánea a consultar a especialistas en salud mental. Me pregunto respecto de los condicionantes de la vida cotidiana que pueden estar prestando fuerza a un aumento en dichas consultas.

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Inmediatamente, la ya obra clásica 'El Yo Saturado' de Kenneth Gergen viene a mi mente.

Su tesis sobre lo que llama 'procesos de saturación social del yo', de vigencia ya en la década de los 90, es hoy un fenómeno tan naturalizado que transita invisible para los individuos partícipes de la sociedad urbana.


Siguiendo a Gergen, tomemos el ejemplo de una carta a principios del siglo XX: una persona escribía una carta a su amada, por ejemplo, al otro lado del mundo, y debía esperar un par de meses para asumir que había llegado y otro par de meses para que retornara. ¿Qué sucedía con la relación entretanto? ¿Cómo se mantenía un lazo amoroso con esos desfases en los tiempos de respuesta? Poca gente se atrevería a decir que los lazos amorosos así forjados fuesen de menor valía, menos intensos o menos duraderos.


Algunos, invocando cierto romanticismo, quizás dirían lo contrario. Con todo, es interesante pensar cómo esa imagen nos devela que comunicación en el sentido de cantidad y el forjamiento de lazos de intimidad no van necesariamente de la mano. Hasta quizás podríamos pensar que los modos en los que discurre la vida amorosa, incluyendo las formas de sufrimiento en el amor, se modifican en respuesta a las condiciones materiales que lo hacen posible. Nada nos impide pensar algo por el estilo y de hecho varios pensadores modernos han planteado las cosas desde perspectivas similares.

Hace dos décadas el estar 'conectado' dependía de una conexión física a un computador de escritorio, era una actividad que requería una logística no menor y se encontraba limitada por una serie de condicionantes como el sistema de mensajerías que Ud. tuviese, los programas y sus compatibilidades, cuando ducho fuese Ud. en el asunto, etc. Escribir un correo electrónico suponía una serie de potenciales limitaciones, aumentando con ello la incertidumbre de la recepción del mensaje y cierto 'juego' en el tiempo de respuesta que esperaban las personas al enviarlo.


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Consideremos ahora este asunto en nuestros tiempos. Resulta difícil estimar para un ciudadano hiperconectado moderno cuanto tiempo ha estado 'conectado' durante el día. Hoy estar 'conectado' es más bien una constante, cosa de instantes a lo sumo, asunto que tiene consecuencias particulares sobre nuestra conciencia. 


Entre otras ¿que hay de su anhelo de respuesta cuando la posibilidad de hacerlo es instantánea?

Una de las modificaciones más importantes de la hiperconectividad es que nuestra expectativa de respuesta de los otros ya no se encuentra limitada por la tecnología -o muy poco- y entonces la voluntad de responder se desmarca de la posibilidad técnica de hacerlo.

Lo fundamental allí, para quien suscribe, es lo siguiente: esta expectativa de respuesta inmediata es un camino de dos vías. Cuando una persona se contacta en el mundo hiperconectado, dar respuesta queda sujeto a la voluntad de hacerlo y, a sabiendas o no, surge el imperativo social a modo de una exigencia de los individuos por responder. 


Alguien conectado a Whatsapp o Facebook fácilmente revisará su celular o computador una veintena de veces al día. Y ciertamente ello no supone que él o ella tenga algo qué decir, o que espere una respuesta o comunicación específica de alguien. Tener una plaza pública en el bolsillo donde, supuestamente, se reunen conocidos, alimenta esta expectativa de estar al tanto de lo que sucede. Aunque nada suceda realmente. Y es que en el mundo virtual las actividades sociales ponen de relieve la relación de cada quien con las fantasías, fantasmas, exigencias, anhelos y ansiedades a un ritmo vertiginoso quizás nunca antes visto en la historia de la humanidad.

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