• Lucio Gutierrez

#PantallasConSentido: Primera "C" o Cómo Usarlas

Como mencionamos anteriormente, el demonización del uso de las pantallas tiene complicaciones que pueden, para algunos padres, levantar resistencias motivadas a revisar el lugar que les están dando en sus vidas.


Usar las pantallas de un modo que tenga sentido tiene que ver con el uso que le damos y no sólo, ni principalmente, con la cantidad.


El asunto central aquí tiene que ver con evitar el uso defensivo de las pantallas. Es decir, el uso de los tablets, videojuegos y computadoras para escapar de las dificultades y problemas de la vida. Para evitar el desafío de vincularse con otros seres humanos y lidiar con las tareas que esto le impone al desarrollo personal.


Esto corre tanto para quien las usa como para quien las da. En ese sentido, también los padres tienen una gran responsabilidad a la hora de decidir cómo usarlas y bajo qué circunstancias. Si la usamos, por ejemplo, como un tuto, chupete o consuelo emocional, ¿cómo esperamos que luego las dejen? ¿que los chicos resuelvan sus perturbaciones conversando? ¿que utilicen la imaginación de un modo que les permita sentirse y representarse a sí mismos lo que estan sintiendo?


El uso como defensa, para evitar lidiar con nuestras propias (y duras muchas veces) tareas como madres y padres, es más común de lo que podría pensarse. Es un tema delicado, porque levanta resistencias, y no me inclino a tratarlo directamente en este post.


Las rutinas cotidianas tienen momentos difíciles. Allí también, usar las pantallas como buffer o como soporte emocional de parte de las rutinas -sobretodo allí donde toca enfrentar ciertas ansiedades- resulta discutible. Es parte del asunto de la crianza que las transiciones en los niños y jóvenes pueden resultar difíciles. Irse a dormir, sostenerse emocionalmente en un espacio compartido con otros como el almuerzo, enfrentar el ocio y el aburrimiento. El uso de las pantallas como desvío silencioso y adaptativo que evita situarse personalmente ante estas rutinas -reemplazándolos por una actividad entretenida y excitada- ahorra también la tarea de lidiar con estas ansiedades. La personalidad puede empobrecerse si ello se vuelve sistemático. No me refiero con ello a consecuencias en términos de daño cerebral ni nada por el estilo, sino a cierta pérdida de la condición de estar sensiblemente arrojados al mundo, habitando un cuerpo propio y conociendo los propios modos de ser y lidiar frente a la adversidad.


Pantallas para entretenerse, trabajar y aprender. No para evitar las tareas inherentes al desarrollo emocional.




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