• Lucio Gutierrez

Tendencias LA TERCERA: La venganza hecha porno

La venganza es una práctica tan antigua como la humanidad, sólo cambia la forma en que se lleva a cabo. Hoy existe la porno venganza, que consiste en filtrar videos íntimos en las redes sociales.

por Florencia Hidalgo Pérez




Una encuesta de la U. de Kent (Reino Unido), reveló que el 99% de los entrevistados mostró algún grado de inclinación a vengarse de alguien enviando un vídeo sexual de esa persona a través de redes sociales. En EE.UU., por la recurrencia de esta práctica, ya ha sido bautizada como “revenge porn”, la porno venganza.


En Chile, cada vez hay más casos, muchos de los cuales terminan en tribunales. Aunque no hay estudios que indiquen la prevalencia a ser víctima de esta forma de venganza, ni cifras sobre las denuncias que se han hecho sobre este delito, Mauricio Ayala, comisario de la Brigada de Cibercrimen de la Policía de Investigaciones confirma el aumento de su ocurrencia. Ayala indica que esta práctica es una violación al artículo 161 A del Código Penal, el cual sanciona, entre otras cosas, a quien difunda conversaciones, comunicaciones, documentos, instrumentos o imágenes de carácter privado y sin autorización del afectado.


El psicoanalista Alex Droppelmann, director del Centro de Atención Psicológica y Psiquiátrica, cuenta que la venganza es una práctica que siempre ha existido y lo que cambia es la manera en que se aplica. “Las personas buscan formas de venganza que son más propias según su cultura y su época. Durante mucho tiempo, hubo mujeres que envenenaban porque era la forma que estaba a la mano. El compuesto con que lavaban la ropa contenía arsénico y envenenaban a la gente con él. Con los medios digitales surgen nuevas modalidades de venganza”.


Principales víctimas

Un estudio publicado en 2016 por el Centro de Investigación de Innovación Pública de EE.UU. dice que uno de cada 25 estadounidenses ha sido víctima de porno venganza y una de cada 10 mujeres menores de 30 años han sido amenazadas con la divulgación de imágenes no consensuadas.


Eliana Heresi, psicóloga experta en estudios de familia y pareja de la U. Diego Portales, dice que esto sucede porque “la exposición de un hombre desnudo o teniendo sexo puede incluso ser valorado socialmente, algo impensable para una mujer, que sería sancionada y castigada por lo mismo. Las mujeres, probablemente, utilizan otros medios para aminorar sus sentimientos de dolor cuando se sienten traicionadas o abandonadas”.


Lucio Gutiérrez, doctor en psicoterapia de la U. Católica, cree que esto se debe al “efecto de desinhibición online”. Las personas en Internet, de un modo u otro, tienden a atravesar barreras de inhibición social, se comportan y extreman sus opiniones de un modo que no necesariamente sostendrían cara a cara. La realidad virtual es vivida por muchas personas como una realidad “menos real” o con un otro “menos otro”, por lo que hay una menor tendencia a la autocensura”.


El perfil del vengativo

Heresi afirma que, independientemente del soporte utilizado, la venganza es producida por “algunas personas, como las excesivamente dependientes -las llamadas ‘narcisistas’- que no toleran bien la frustración. También en parejas donde ha existido violencia de género pueden observarse dificultades graves para enfrentar la pérdida de la relación amorosa, reaccionando con violencia, negación, persecución e incluso con amenazas de suicidio para evitar la lejanía y el desamor”.


Droppelmann confirma esta relación y explica que esta práctica es común “en personas con rasgos psicopáticos, con un desprecio absoluto por el otro. El tipo que hace esto por alguien que fue su pareja demuestra una ofensa por la mujer con que estuvo, la trata en calidad de objeto”.

Agrega que también corresponde a una personalidad de narcisismo maligno, “quien solo se ve a sí mismo y el acto de venganza surge cuando dañan su honra”. Las personas que no presentan estos rasgos no cometen esta revancha porque su cerebro “funciona con barreras de la represión, que precisamente impiden que se realicen estos actos”, explica Droppelmann.

Gutiérrez añade que el problema es que quienes eligen desquitarse a través de soportes digitales, “en muchos sentidos provocan una agresión peor que algunas formas de violencia física o verbal, ya que Internet no olvida”.

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