• Lucio Gutierrez

Un forma menos conocida de narcisismo humano


Narciso y Echo

Es conocido el aporte del término 'Narcisismo' por parte psicoanálisis a la nomenclatura 'psi', pero usualmente el acento en la vox populi queda puesto en cuestiones ligadas a la grandiosidad del yo (e.g. una imagen engrandecida de sí, de las propias capacidades, habilidades o potencia, una desestimación de las limitaciones, ceguera ante los propios defectos, etc.). Si bien ello configura parte de las características del cuadro clínico ligado a las patologías del narcisismo (e.g. un diagnóstico formal de trastorno de la personalidad narcisista), el término es usado extensivamente por psicoanalistas para denotar formas menos evidentes pero no por eso menos complejas del fenómeno.


Una de ellas refiere a las formas de desestimación del peso del otro. No es raro encontrarse con personas que, sin mostrar aquél engrandecimiento de sí, parecieran mostrar una autosuficiencia que se acompaña de escaso 'peso' del otro. Y cuando a 'peso' me refiero, no indico necesariamente la desconsideración abierta del otro (tratarle como inexistente) sino también la pseudo-consideración del otro, incluso disfrazada de interés (el falso interés, la hipocresía, pero sobretodo la banalidad). El otro, digámoslo así, aunque oído no es escuchado, aunque visto no es mirado, pareciera no curvar el espacio en el campo relacional del individuo al que nos referimos.


Esta forma de 'narcisismo negativo' (Green, 1983) sea quizás la más corrosiva de las formas. Al menos el individuo que pompea la gradiosidad queda abiertamente reconocido por el resto - y usualmente por sí mismo - como 'ególatra', 'narciso' (en su uso corriente) y todas las variantes populares del sentido del término. 


El narcisista por el negativo, a través de la desestimación del peso simbólico del otro sobre sí, irradia sobre su círculo el padecimiento de una forma vacía, de 'no poder llegar a él'. Es el hollow man de R.E.M. (I've been lost inside my head), resguardado en el mundo que interpreta en lugar de la realidad que le impacta, cubierto en el intelecto que le protege de la experiencia emocional propia a estar en una relación. Por supuesto ello va a un costo: el empobrecimiento de la vida afectiva al punto en ocasiones del aislamiento, en otras de la enfermedad psicosomática (tanto padecimiento de psoriasis, lupus y otros cuadros autoimunes se asocian con esta forma), la desvitación del mundo interno, la desvitalización sexual y sobreintelectualización, y si el funcionamiento intelectual alcanza la sobreadaptación funcional. 


En ocasiones el retorno a la vida afectiva se encuentra en el goce sádico de sometimiento del otro, en el consumo o a través del goce del poder. Por supuesto, a modo de fugaz excitación, que no completa sino que enlaza momentáneamente a un circuito donde se recupera el afecto para perderse conforme el objeto o individuo consumido por la voracidad se extingue. Como una piedra en el calmo lago de Narciso, al paso de poco tiempo ha esfumado sus ondas en el agua. 


Ref. Green, A. (1983). Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Buenos Aires: Amorrortu.

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