• Lucio Gutierrez

10 mitos sobre las terapias psicoanalíticas

Actualizado: 16 de ago de 2019


Analize This (Warner Bros)

El cine hollywoodense y en ocasiones el pobre ejercicio profesional han contribuido a la creación de una serie de mitos y estereotipos respecto al psicoanálisis y las terapias psicoanalíticas. El listado de mitos ha ido creciendo con el tiempo. Mencionaremos los diez más comunes:


1. Las psicoterapias psicoanalíticas se dedican a escarbar en el pasado

Mito. Una psicoterapia psicoanalítica busca que cada persona tenga el futuro más auspicioso, más libre, que le sea posible. No tiene sentido hacer una arqueología del pasado con un fin académico o de falsa sapiencia. Si se explora en el pasado será no como un fin en sí mismo, sino a partir de las dificultades presentes, en miras a su modificación futura.

Para la comprensión psicoanalítica lo que prima no es la historia sino la historicidad. Es decir, el modo como cada individuo se ha apropiado de su historia y que, a sabiendas o no, le ha llevado a orientarse en su vida y frente a las dificultades de modos determinados. 

2. Las psicoterapias psicoanalíticas requieren de personas intelectualmente sobresalientes

Mito. El psicoanálisis fue pensado como una terapéutica que se basa en un desarrollo neurobiológico normal, incluyendo con ello una inteligencia dentro de los rangos normales. 

Más aún, hoy en día algunos acercamientos psicoanalíticos han explorado tratamientos también para personas con inteligencias en el rango límite, atendiendo a sus limitaciones y posibilidades.


3. Las psicoterapias psicoanalíticas son intelectualizantes

Mito. El psicoanálisis concibe al conocimiento de sí tanto desde una perspectiva intelectual-reflexiva como afectiva. Ideas sobre sí mismo no tienen ningún efecto en el sentido de una cura (e incluso se oponen a ella) a menos que vayan acompañadas de una experiencia emocional.

Dependiendo del estilo del psicoanalista, un psicoanálisis puede transitar sin mayores interpretaciones del pasado, acompañando a la experiencia emocional de un paciente. O bien ofrecer ideas e interpretaciones al modo de hipótesis. Pero en cualquier caso la experiencia de un análisis debe centrarse en lo que sucede en el “aquí, ahora, conmigo”, que es una experiencia emocional.


4. Los psicoanalistas son todas personas graves, de trato frío y distante

Mito. Los estilos de los psicoanalistas varían tanto como los estilos de las personas en general. Si bien hay psicoanalistas que se sentirán más cómodos tratando a sus pacientes desde cierta distancia, otros tendrán una cualidad de formalidad acompañada de compromiso afectivo, centrados en la tarea de analizar y ayudar a sus pacientes. Habrá quienes transmitan una cualidad de franca cercanía y calidez. En algunos analistas predominará el humor y un espíritu lúdico. Y en otros la agudeza y la escrupulosidad. Algunos incentivarán un clima de dramatismo y vivacidad emocional. Y otros un clima de apaciguamiento, prudencia y cuidado. Y así podríamos seguir.


Asimismo, sería una ilusión suponer que el analista es una máquina entrenada que responde del mismo modo con cada paciente. Las características del psicoanalista también serán en respuesta a esa relación específica, en ese momento determinado. Con el paso del tiempo, es común también que la cualidad del vínculo entre psicoanalista y paciente se modifique.


Es relativamente común que los psicoanalistas no comenten profusamente sobre su vida personal. Ello cumple el objetivo principal de no interferir con el proceso del paciente, y en ocasiones también de resguardar la privacidad del analista.


Es relativamente común también que los psicoanalistas no hagan bromas y se mantengan serios en momentos en los que se experimenta dolor o al enfrentar aspectos del trabajo que son de difícil manejo para el paciente. Esto no refiere necesariamente al temple de los psicoanalistas, sino al compromiso con el enfrentamiento de situaciones que no deben ser tomadas a la ligera.


Vale la pena considerar que en todo psicoanálisis la relación siempre es “uno a uno”. Es decir, todos los aspectos relacionados con el vínculo son parte del tratamiento. No sería raro que a poco andar Ud. sienta que su analista le trata y lo sienta al modo como alguna figura significativa le ha tratado con anterioridad (una madre, un padre, un hermano, una tía, etc.). Ello es parte del proceso y eventualmente puede ser valioso material a la hora de pensar en sus relaciones significativas.


5. Los psicoanálisis no terminan nunca

Mito. Toda terapia debe tender a un fin y la terapia psicoanalítica no es la excepción. Ahora bien, dependiendo de los intereses de los pacientes, disposición y permeabilidad al trabajo psicoanalítico, y el grado en que las dificultades que padecen se han generalizado y han anquilosado la vida, las terapias psicoanalíticas pueden variar en frecuencia y extensión en el tiempo.


Junto con ello la edad del paciente también sugiere tiempos distintos de trabajo. En niños y preadolescentes, por ejemplo, es usual considerar tiempos de análisis más acotados que en adultos. Nuevamente, la lógica que sostiene esto es la naturaleza del anquilosamiento de la vida que suele ser más profunda y generalizada en los adultos.


Les luthiers en "Risoterapia"

6. Los psicoanálisis te hacen adicto o dependiente

Mito. No es posible considerar que una relación, cualquiera sea esta, sea adictiva en el sentido propio del término.


En un psicoanálisis no se suspende la voluntad del paciente. Un analista acompaña en las decisiones a sus pacientes, no decide por ellos. Que algunas personas recurran a su terapia antes de tomar decisiones importantes en la vida puede ser visto como “dependencia” desde aquel que no ha vivenciado un análisis. Pero es, en realidad, utilizar el espacio para alejarse de las perturbaciones que acometen en la vida y buscar pensar sobre las propias perspectivas con mayor claridad.


Algunas personas disfrutan mucho de su análisis, otras le perciben como una ayuda de tremendo valor, y fruto de ello lo incorporan durante un período acotado de su vida como una práctica cotidiana. El entusiasmo por el propio análisis y el modo como algunos pacientes valoran su proceso puede hacerle parecer a quien le mira desde afuera como una “adicción” o una “dependencia”.


7. Los psicoanálisis lo único que hacen es hablar de sexo

Mito. La sexualidad es considerada de un modo muy amplio desde el psicoanálisis, del cual la práctica de relaciones sexuales es solo una pequeña parte. La obra del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, comenzó a partir de problemáticas vinculadas a padecimientos del alma, y se ha mantenido así desde entonces.


En un psicoanálisis se habla de pasiones humanas en su más amplio espectro. De experiencias emocionales y significativas, de vínculos humanos De dolor, de agresión, de envidia, de celos, de resentimientos, de melancolía, de duelos no resueltos, de espacios congelados de la existencia. Pero también de amor tierno, de erotismo, de atracción, de entusiasmo, de vida lúcida y de proyectos por venir.


Y tanto más que el espacio no alcanza. Un psicoanálisis aborda la cuestiones de la sexualidad humana como un tema de pasiones enraizadas en el cuerpo presente, que no se hacen justicia en el sentido popularizado del término sexualidad.


8. Los psicoanálisis requieren que uno necesariamente vaya cuatro o cinco veces por semana

Mito. La frecuencia de un tratamiento psicoanalítico obedece a diversas consideraciones y no hay una regla de oro para determinarle, salvo quizás el juicioso sentido clínico. Contrario a lo que se piensa popularmente, que se indiquen más sesiones por semana no necesariamente es índice de mayor gravedad. En ocasiones lo es, pero en otras se propone una frecuencia mayor por suponer que existe un potencial de trabajo que irá en el mejor de los beneficios del paciente.

Dentro de los criterios que se incluyen para tomar una decisión se incluyen el interés y motivación explícitas del paciente, las características de las dificultades presentadas (incluyendo una serie de consideraciones al grado de integración del individuo, conflictos, ansiedades y defensas predominantes, entre otros), y las posibilidades de elaboración percibidas por el analista. 

También el modo de conducir un análisis propio a cada analista marcará la indicación de frecuencia. Cada analista se sentirá más cómodo(a) sosteniendo a su paciente en un marco estable de características determinadas, lo cual supone ciertos parámetros mínimos y máximos de sesiones con las que se sentirán confiados de poder hacer un trabajo a la altura de lo que se espera de un tratamiento psicoanalítico. Así, pueden haber analistas que en condiciones específicas trabajen cuatro o cinco veces por semana y con otros pacientes trabajen tres o dos veces por semana. En ocasiones algunos analistas aceptarán trabajar una vez por semana o incluso menos. Pero ello siempre debiese ser una decisión basada en un juicio clínico criterioso y no en consideraciones de otro orden.


9. Los psicoanálisis requieren que uno se recueste en una camilla o diván (y ciertamente no quiero hacer eso)

Mito. La indicación del trabajo recostado en un diván varía por una serie de factores, incluyendo entre otros el tipo de trabajo psicoterapéutico indicado, la frecuencia acordada, las disposiciones y preferencias personales del paciente y del analista. El trabajo utilizando el divan tiene ventajas por sobre el trabajo cara a cara, pero también contraindicaciones, por lo que deberá ser una decisión caso a caso y acordada por ambos miembros de una terapia.


Ningún paciente debería ser obligado a hacer nada en contra de sus deseos, desde ningun enfoque en psicoterapia, y esto por cierto que incluye el modo cómo se procederá (en este caso, si se trabajará cara a cara o en divan).


10. Los psicoanálisis son un tratamiento desactualizado y sin evidencia científica confiable

Mito. No hay algo así como un único modo de conducir un análisis. El método analítico fue desarrollado a principios del siglo XX, muy cercano a los inicios de la Psicología como disciplina. Pero, al igual que la psicología en general, ha seguido encontrando nuevas formulaciones y desarrollos desde entonces. Mas aún, algunas patologías que no encontraban tratamiento entonces (e.g. cuadros de psicosis, drogodependencias, anorexias) hoy son parte de lo abordado por diversas escuelas de pensamiento y formas de tratamiento desde el psicoanálisis. 


Esto no significa que los postulados centrales del tratamiento psicoanalítico no sigan vigentes, y en muchos sentidos para ciertos pacientes el modo clásico de un tratamiento puede venir bien. Pero se ha ido enriqueciendo y expandiendo, diversificando los acercamientos, métodos y técnicas, para incluir problemáticas clínicas y poblaciones a las que inicialmente no tenía acceso. 

La relación con algunos avances en otras disciplinas científicas, en especial con las neurociencias, ha gestado también puntos de integración y diálogo (e.g. aquí, aquí,  aquí y aquí) así como controversias de importancia mayor . Por ejemplo, los debates respecto de la correlación entre procesos de psicoterapia y cambios funcionales a nivel cerebral, la validez del avance neurocientífico en la modificación de la técnica terapéutica o la relevancia de los hallazgo neurocientíficos para el avance de la teoría psicoanalítica, han sido objetos de encendida discusión encontrando argumentos a favor y en contra (e.g. aquí, aquí, y aquí). No hay consenso en esta materia, pero es una discusión científica en curso. 


También, existió durante algún tiempo la creencia que el psicoanálisis no tenía validación científica, a diferencia de otros tratamientos. Lamentablemente veinte años atrás no existían muchos estudios empíricos que avalaran su efectividad (entre otros aspectos porque eran estudios sumamente costosos en tiempo y recursos, habían pocos especialistas dedicados al tema y el avance en investigación en psicoterapia era incipiente). Hoy ya se ha demostrado empíricamente la efectividad del psicoanálisis y psicoterapia psicoanalítica, y se ha posicionado como una alternativa más eficaz respecto a otros modos de psicoterapia.


Mencionemos un par de estudios recientes. La  investigación de Fonagy et al. (2015) demostró su efectividad para la depresión resistente al tratamiento siguiendo las pautas nacionales de tratamiento del sistema de salud del Reino Unido (también Taylor et al, 2015) además de resultar más efectiva que el tratamiento usual con psicoterapia cognitivo conductual. Perez et al. (2015) reportaron hallazgos en la activación/desactivación de circuitos neuronales asociados a mejorías clínicas significativas en pacientes con patologías borderline. El meta-análisis (estudio que examina y compara múltiples estudios) de Leichsenring y Rabung (2008) encontró "resultados significativamente más altos en su efectividad general, problemas apuntados y funcionamiento de personalidad que formas más breves de psicoterapia" (Leichsenring & Rabung, 2008, p. 1).


Si desea profundizar en el tema y conocer otros estudios recomiendo este artículo periodísticoeste artículo de revisión


Entrada original: Abril 2016

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